Autor: Patricio Gallo
Fecha: 24 abril 2026
Frescura y bienestar: El compromiso que se debe asumir frente al estrés calórico
Un compromiso con la vida
Producir alimentos de alta calidad implica, ante todo, un respeto profundo por los procesos naturales. En Veracruz, el aumento de temperatura en abril pone a prueba nuestra capacidad de respuesta. El estrés calórico en aves de postura no es solo un reto técnico; es una responsabilidad ética. Asegurar una zona de confort para nuestras gallinas significa proteger la producción de pollo y huevo, pero también reafirmar nuestro compromiso con el bienestar animal y la seguridad alimentaria de nuestra comunidad.
Por eso, hablar de estrés calórico es hablar de prevención. Y prevenir, en el campo, se traduce en decisiones simples, constantes y medibles.
Nuestra postura es clara: prevenir es producir mejor
En Súper Pollo Neria, creemos que lo más responsable es compartir aprendizajes como principios de industria: el calor no se elimina, pero sí se gestiona. Nos mueve la excelencia, la legalidad, el respeto al medio ambiente y la seguridad; y cuando miramos el reto del calor, lo abordamos con una lógica de integración avícola: manejo, agua, ambiente y nutrición deben trabajar como un solo sistema.
No se trata de “soluciones milagro”. Se trata de diseñar un plan y ejecutarlo bien, cada día.
Lo que más funciona es lo que se controla
1) Agua: El nutriente más importante ante el calor
En periodos críticos de más calor y humedad, el agua deja de ser “solo agua”. Se vuelve el “asset” operativo más sensible. Una práctica recomendada en la industria es asegurar que el agua se mantenga lo más fresca posible (muchas guías apuntan a ~25 °C) y evitar que se caliente dentro de las líneas. Aquí entran acciones concretas como el flushing periódico de tuberías, revisión de presión y caudal, y monitoreo diario del consumo de agua como indicador temprano.
También es necesario cuidar la calidad: por ejemplo, manejar agua preferentemente ácida con pH 5.5, para apoyar estabilidad digestiva en momentos de estrés.
2) Ambiente y rutina: El “cuándo” también importa
En días de calor, la industria suele ajustar horarios de alimentación hacia momentos más frescos, reducir manipulaciones en horas críticas, optimizar flujo de aire y, cuando aplica, apoyarse en sistemas de ventilación automáticos monitoreados. En las jaulas, una referencia común de bienestar es evitar sobrepoblaciones y respetar parámetros de un promedio de 500 cm² por gallina, para reducir carga fisiológica y competencia por recursos.
3) Nutrición como soporte: Sostener sin forzar
Cuando el calor no se puede evitar, el soporte nutricional toma protagonismo. Herramientas como la vitamina C (por su rol antioxidante y modulador del estrés) y el formiato de sodio (por su apoyo al control de pH y salud intestinal), tienen un rol importante en picos de calor o en periodos prolongados del mismo.
Sabemos que mitigar el estrés calórico no es una acción puntual, sino una estrategia de manejo sostenida. Y que no hacer nada es la peor decisión.
Prepararnos hoy es cuidar la rentabilidad de mañana
En Súper Pollo Neria vemos el calor como un examen de disciplina: gana quien mide, ajusta y sostiene. El manejo del estrés calórico se construye con agua bien gestionada, ambiente controlado, rutinas inteligentes y apoyo nutricional cuando corresponde. La industria avícola tiene futuro, y ese futuro será de quienes conviertan la prevención en cultura operativa, cuidando al ave, al equipo y a la productividad con la misma seriedad.
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